lunes, 6 de enero de 2014

Día 25

A las 7.15 de la mañana sonaba el despertador que nos levantaba para, después de hacer la mochila y tomar un buen desayuno en el albergue, ponernos en marcha hacia nuestro destino hoy, Ponferrada, a 27km de nuestra posición.

Un día lluvioso, donde los haya, que no ha detenido nuestro paso firme hacia el punto más del Camino de Santiago, la Cruz de Ferro, a unos 1500 metros de altura, para volver a bajar a 500 al final de la etapa de hoy.

Tras cruzar la cima y contemplar la cruz, nuestros pasos nos han llevado, 3km después, a Manjarín, un pueblo con tres casas mal puestas donde vive un personaje peculiar llamado Tomás, quien se autoproclama "el último templario" y va invitando a un café a todo aquel peregrino que pasa por su albergue, un auténtico placer haberlo conocido la verdad :-)

Dejando atrás el albergue, y a falta de unos 10km para el siguiente pueblo, empieza a caer una tromba de agua que, mezclada con un fuerte viento, hace casi imposible mirar al frente, pero cuando ya todo parecía perdido, aparece un coche al horizonte que ha sido como un ángel caído del cielo, perdón si la expresión es demasiado religiosa, pero es que es así como lo he sentido...y es que la mujer ha parado al lado nuestro (no os olvidéis que es montaña y es día de Reyes) y nos ha ofrecido chocolate, frutos secos, galletas...vamos, un auténtico regalo!

Antes de volver a su camino nos ha indicado que, aunque en el pueblo siguiente está todo cerrado, podríamos ir a su casa, donde estaba su marido, para descansar un poco y tomar un café hasta que amainara el temporal. Una vez hemos llegado al pueblo, hemos encontrado la casa y el hombre nos ha invitado a pasar, tomamos café y pastas, un rato de charla y de vuelta a las andadas, sólo nos quedaban 13km hasta destino.

Dejada atrás la casa, con lluvia pero sin viento, nos disponemos a bajar la parte más dirá, pero más bonita, del trayecto de montaña de hoy, una bajada llena caminos estrechos y pedregales que, unidos a los pequeños riachuelos creados por la lluvia, hacían de ésta una ardua tarea para la resistencia de nuestros cuerpos. Cansados del esfuerzo, llegamos al pueblo antes de Ponferrada, Molinaseca, y decidimos hacer un stop para recuperar fuerzas.

Cuando parecía que no iba a probar este año el roscón de reyes, toma! La señora del bar tenía puesto en la barra, para todos los clientes, un roscón, polvorones y turrón, y esto, amigos, ha sido la segunda sorpresa del día. 6km después hemos llegado por fin, exhaustos, al albergue donde hoy pasaremos la noche.

Os podría seguir contando lo que he cenado y lo que he visto en Ponferrada, que es poco porque estaba muy cansado...pero creo que lo mejor del día han sido esos dos pequeños detalles (como regalos), que engrandecen el corazón de las personas, y que, sin duda, son el alma auténtica de este peregrinaje por el camino de Santiago, por cosas como esta, aunque pocas veces, merece la pena seguir confiando en el ser humano.

Os dejo con un par de fotos y espero que os haya gustado leer tanto como yo he disfrutado escribiendo y recordando.

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